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El hacha diabólica (1964)

Por Dqvlapeli Blog - De qué va ... - 24/02/2019

El hacha diabólica (José Díaz Morales, 1964)

Música de órgano. Frailes encapuchados que se alumbran con antorchas en un patio colonial y no en un claustro gótico. Cuatro de ellos transportan en unas parihuelas el cadáver del Enmascarado de Plata. Una tumba con su nombre lo aguarda. Cuando los frailes colocan encima la lápida de mármol, nos enteramos de que estamos en 1603. Santo es un aristócrata que llamó a la puerta de la misión para buscar reposo y tomar una nueva identidad que le permitiera luchar contra la brujería desde el anonimato. Sin embargo, su inmortal enemigo, un Encapuchado Negro armado con un hacha de verdugo (Fernando Osés), promete perseguirle hasta el fin de los tiempos.

blog El hacha diabólicaCasi cuatro siglos más tarde, el Santo se dispone a subir al ring en México D.F. Lleva la capa y la máscara de su antepasado. Mientras calienta, contra la pared del vestuario se recorta la sombra del Encapuchado Negro, que blande un hacha. La sombra se materializará en el cuadrilátero, intentará acabar con la vida del Santo y se esfumará en el aire cuando la policía dispare contra él. El misterio induce al Santo a consultar con el profesor Zanoni (Mario Sevilla), que descubrirá en la máscara el triángulo del “abracadabra” que proporciona al luchador poderes sobrenaturales. Mientras está con el profesor se materializa allí el espectro de Isabel de Arango (Lorena Velázquez), la amada de su antepasado, cuyo descanso eterno depende de la derrota de su satánico rival. Ya sólo falta que Zanoni ponga en marcha su máquina de transmutación de espíritus, para que Santo se desdoble y se materialice en la Nueva España del siglo XVII, donde podrá descubrir su origen y, así, arrancarle la máscara en el presente al Encapuchado Negro.

Desordenada y anárquica en su estructura, construida a base de viñetas que van cayendo en el relato al tresbolillo, El hacha diabólica hace asimismo gala de una total indigencia en lo que a montaje, fotografía y planificación se refiere, con planos de recurso como traídos de otra película, escenas de efecto noche rodadas en pleno día sin utilizar siquiera un filtro y predominancia de estáticos planos largos picados en los que la acción se desenvuelve sin el más mínimo énfasis. La suma de estos recursos provoca primero la desorientación y luego el tedio del espectador.

Díaz Morales, que había rodado en España dos versiones del sainete lírico La Revoltosa (1950 y 1963) y películas de ambición como Paz (1949) y El capitán de Loyola (1948), factura en el bienio 1964-65 tres títulos más protagonizados por el Santo para la Fílmica Vergara de Luis Enrique Vergara, en los que vuelve a incursionar en el territorio del fantástico: Atacan las brujas (1964), Profanadores de tumbas (1965) y El barón Brákola (1965). Si nos hemos detenido en la primera es porque propone una génesis mítica para el luchador enmascarado.

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