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Amaya (1952) contada por: Dqvlapeli Blog

Sobre la película

Amaya

ESPAÑA, 1952
IDIOMAS: Español | 108 min. | Blanco / Negro | 1,37:1 Normal

DIRECCIÓN: Luis Marquina
PRODUCCIÓN: Hudesa (España)
INTÉRPRETES: Susana Canales, Julio Peña, José Bódalo, Pedro Porcel, Porfiria Sanchiz, Rafael Luis Calvo, Eugenia Zuffoli, Armando, Manolo Morán, Ramón Elías, Francisco Pierrá, Luis Rodrigo, Francisco Hernández, Félix Dafauce, Arturo Marín,
GUIÓN: José Luis Albéniz, Jesús Azcarreta, Luis Marquina
ARGUMENTO: de la novela homónima de Francisco Navarro Villoslada y de la ópera de Arroita-Jáuregui
FOTOGRAFÍA: José F. Aguayo, Enrique Guerner
MÚSICA: Jesús Guridi

SINOPSIS:

El caudillo vasco Íñigo se enamora de Amaya, la hija del rey visigodo al que ha hecho prisionero.

GÉNERO: Historia



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Amaya (1952)

Por Dqvlapeli Blog - De qué va ... - 21/03/2017

Amaya (Luis Marquina, 1952)

"El fin será el principio" tal es el lema grabado en el brazalete de Amaya (Susana Canales), la hija del rey godo Ranimiro (Pedro Porcel) y de una descendiente de Aitor, fundador mítico del pueblo vasco.

blog AmayaAmaya es el vértice de una intriga que lleva a Teodosio de Goñi (vasco y cristiano, José Bódalo) a enfrentarse con Íñigo García de Amezcua (cristiano y vasco, Julio Peña). Desautorizado el primero para convertirse en “caudillo” de vascos y godos por causa de un trágico parricidio, queda más o menos expedito el camino hacia su destino del segundo, figura crística, que aunará voluntades contra la invasión morisca.

Por medio, alusiones legendarias a la fundación de Euskadi de la novela walterscottiana de Francisco Navarro Villoslada (1877), pasadas por el enfrentamiento entre cristianismo y paganismo de corte wagneriano que impregna el drama lírico de Guridi (1920). De éste se conservan íntegros en la película algunos fragmentos, como la ezpatadanza, resueltos por Marquina con técnicas que en El bailarín y el trabajador podían resultar adecuadas pero que aquí chirrían. Mejor pulso muestra en las escaramuzas bélicas y en la revuelta contra los godos promovida por los hebreos de la judería de Pamplona.

En manos de Marquina los elementos shakesperianos –Macbeth, Otelo...- se superponen a los motivos wagnerianos que inspiraban la ópera –Parsifal…- y, para añadir aún más complejidad al asunto, Amaya pasa de ser mera portadora del brazalete y, por tanto, personaje símbolo de una tradición, a convertirse en la encarnación misma del mestizaje consustancial a la lectura del mito en clave española. Por suerte para el peliculero la religión, que ya estaba en la base de la ópera, supone un dique de contención contra cualquier lectura heterodoxa que se pretenda hacer del texto.

Lo que no admite grietas es el estilo declamatorio de las inacabables escenas dialogadas, que se acumulan sin cuento para conformar un relato plúmbeo, con contadas escapadas al paisajismo –de la mano del operador Enrique Guerner- y a las escaramuzas bélicas. En cambio, la derrota del Guadalete queda elidida y resuelta en un plano general en el que, muerto –o desaparecido en una nebulosa mítica- don Rodrigo, Teodomiro, duque de la Bética, acepta la corona de los godos “porque no es de oro ni de hierro, sino de espinas” que habrá de lograr que “de cien reinos distintos, pero cristianos, vuelva a formarse la monarquía católica española” fórmula mediante la cual Marquina  concilia su miltancia monárquica con la ineludible profesión de fe en las esencias nacional-católicas del franquismo.

"No peligra el imperio, la religión peligra", tal es la proclama de Amaya ante el ataque de las fuerzas musulmanas. El llamamiento es claro: los godos y los vacos que han abandonado los ritos paganos para abrazar la fe cristiana deben abandonar sus luchas intestinas y hacer frente al enemigo común. El guión de la cinta utiliza así parte de la feble intriga de la ópera de Guridi para reescribir la historia en clave contemporánea. Íñigo es el autoproclamado Caudillo que trae la paz entre dos facciones unidas en la fe para defender el solar patrio contra la amenaza extranjera.

La producción de la modesta firma Hudesa –apoyada por el PNV y por los estamentos oficiales- terminó en manos de Cifesa, que la distribuyó como una cinta más de un ciclo de cine histórico que, a estas alturas, ya había tocado fondo en el interés del público y de las renovadas instancias oficiales.

Perfiles relacionados con esta película

La producción de Cifesa
1934, Valencia - 1951
España

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